Dictaron la sentencia firme para el asesino de “Pino” Suardini

El acusado, Miguel Luzzi, vecino de José “Pino” Suardini, había sido condenado en diciembre del 2019 a 9 años de prisión y ante la amenaza de fuga, fue llevado directamente al penal hasta que finalmente hoy se conoció la sentencia firme que mantuvo ésa pena.

En su alegato final, el Fiscal Alejandro Irigoyen había pedido 14 años pero finalmente habían reducido ésa pena. Las declaraciones de varios vecinos del barrio y un detalle en la escena del crimen fueron determinantes para los jueces.

Recordemos que el hecho ocurrió el 24 de diciembre de 2016 cuando alrededor de las 19 hs. Mario Suardini, encontró el cuerpo de su hermano “Pino” tirado en el suelo de la cocina de su casa de San Martín al 900, ya sin vida y sobre un charco de sangre junto a un cuchillo.
La causa recayó en la UFI 6 a cargo del (hoy retirado) fiscal Juan José Montani y, si bien no había pruebas materiales contundentes luego de los diferentes peritajes solicitados, desde aquel 24 siempre hubo un sospechoso: Miguel Luzzi, vecino y amigo de Pino, de profesión herrero.
A partir de su investigación, y de los diferentes indicios que iban recolectando en el barrio tanto Andrés como su esposa Ángeles, el fiscal pidió en dos oportunidades la detención de Luzzi y fueron denegadas. Aun así, Montani recolectó suficientes indicios y testimonios como para elevar la causa a juicio en noviembre de 2017, caratulada como “Homicidio Simple”.
El juicio comenzó recién el 11 de noviembre del año pasado. Fueron 4 audiencias en el Tribunal Oral Criminal Nº 1 de Campana. Los jueces fueron los doctores Guillermo Guehenneuf, Facundo Puente y Javier Romañuk. Basado en la instrucción realizada por Montani, el aporte de los testigos convocados, en su alegato final el Fiscal Irigoyen solicitó una pena de 14 años de prisión para el acusado.
Según pudo reconstruir el Fiscal, Suardini le había adelantado un dinero a Luzzi por un trabajo de herrería que nunca realizó. Varios testigos confirmaron la historia, asegurando que Suardini estaba muy enojado con esa situación, y había anticipado días anteriores que si lo veía a Luzzi lo iba a agarrar del cuello y le iba a dar un par de trompadas. “Y eso fue lo que sucedió, pero a Luzzi se le fue la situación de las manos. No creo que haya ido a la casa de su amigo con intención de matarlo”, comentó en su momento el Fiscal.
Esto sumado a otras pruebas que terminaron de armar el rompecabezas, la primera la casa estaba desordenada, pero no faltaba ningún objeto de valor. Ni siquiera dinero en efectivo, que estaba a simple vista. Pero además, un elemento clave fue que el dormitorio de “Pino” estaba particularmente desordenado, salvo un detalle.
“Todo estaba dado vuelta en la habitación. No había nada en su lugar, salvo la urna con las cenizas de Italia, la esposa de Pino. Cualquier ladrón hubiese confundido ese objeto con una caja donde se guardaba algo de valor… Pero Luzzi, quien frecuentaba la casa de Pino, sabía perfectamente qué era eso y fue lo único que no tocó”, señaló en esa oportunidad Irigoyen.
Como parte de sus argumentaciones, el Fiscal también presentó una pericia psicológica de Luzzi quien, en resumidas cuentas, tiene una personalidad introvertida, pero factible de tener reacciones explosivas ante una situación de alteración. “La mejor forma de describirlo es una bomba de tiempo”, resumió el letrado.
Finalmente, la conducta de Luzzi el día del asesinato terminó de cerrar la historia reconstruida por el Fiscal a partir de los testigos convocados a declarar ante los jueces. Entre los principales, está el ya mencionado relato del propio hijo de “Pino”, Andrés Suardini. “¿Cómo? Eran tan amigos y no se conmovió al anoticiarse de la muerte de su amigo y en tales circunstancias”, se preguntó el Fiscal durante su alegato.
Otro testigo, se lo cruzó a Luzzi en la esquina de San Martín y Bertolini esa tarde, a unos 40 metros de la casa de “Pino”, llamándole la atención su particular estado de excitación. Luego, otro testimonio que lo describe a Luzzi, la misma tarde, también en una actitud inusual: parado en la esquina de San Martín e Iriart, como asomándose y espiando hacia la casa.
Y si con eso no alcanzara, se suma el de una dueña de casa en la que Luzzi fue invitado a cenar esa misma Noche Buena. Incrédula y consternada, la mujer ingresó al comedor diciendo: “¡Lo mataron al Pino! ¡Lo mataron al Tano Suardini!”, a lo que Luzzi primero quiso demostrar sorpresa preguntando a quién; mas luego no sólo no demostró mayor sorpresa ni consternación por la muerte su amigo, sino que tampoco manifestó que él ya conocía la noticia. 

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