El 30 de diciembre de 2004 quedó marcado para siempre en la historia argentina. Aquella noche, durante un recital de la banda Callejeros en el boliche República Cromañón, un incendio provocado por una bengala encendió materiales inflamables del techo y desató una de las peores tragedias no naturales del país. El saldo fue devastador: 194 personas murieron y más de 1.400 resultaron heridas, muchas de ellas con secuelas físicas y psicológicas que perduran hasta hoy.

La mayoría de las víctimas eran jóvenes. Familias enteras vieron cómo la música, la fiesta y el encuentro se transformaron en desesperación, humo, oscuridad y muerte. Las salidas de emergencia cerradas, la sobreventa de entradas, la falta de controles y la corrupción estructural quedaron expuestas de manera brutal.
A 21 años del hecho, Cromañón sigue siendo sinónimo de dolor, pero también de lucha. Las madres, padres y sobrevivientes mantuvieron viva la memoria y exigieron justicia, logrando condenas judiciales y cambios en las normativas de seguridad en espectáculos públicos. Sin embargo, para muchos, la justicia aún es incompleta y la herida sigue abierta.
Recordar Cromañón no es solo homenajear a las víctimas; es reafirmar un compromiso colectivo: que nunca más la negligencia, la desidia y la impunidad se cobren vidas. La memoria es una herramienta fundamental para evitar que la historia se repita y para que cada joven que hoy entra a un recital lo haga con la seguridad y el cuidado que aquella noche faltaron.
Cromañón vive en la memoria del pueblo argentino. A 21 años, el pedido sigue siendo el mismo: verdad, justicia y nunca más.