“Jorge Varela y el desafío de la unidad” por Oscar Trujillo

Cuando ese 21 de junio, hace ya nueve años, nos enterábamos de la terrible noticia del fallecimiento de Jorge Varela, un golpe terrible sacudió los corazones del peronismo de Campana. La temprana desaparición física del hombre que fuera Concejal, tres veces Intendente Municipal, Ministro de la Provincia, y Diputado Provincial, no sólo significaba la pérdida de un referente de talla indiscutida, sino además, la ausencia repentina del conductor que supo sentar las bases del proceso de unidad que en 1995 llevó al justicialismo a la victoria.

Aquel triunfo -y su paciente gestación- deberían ocuparnos hoy más en nuestras reflexiones, que los lamentos que el propio Jorge hubiera despreciado. Porque en ese laborioso proceso de construcción que él y tantos otros compañeros y compañeras supieron trabajar desde la renovación peronista, inaugurada con el retorno de la democracia, está la clave para explicar la victoria del peronismo en las elecciones legislativas de 1993, antesala necesaria para el triunfo decisivo y el retorno al poder dos años después, luego de cuatro largas décadas de desencuentros, proscripción y derrotas electorales.

Esa conducción necesitaba de una personalidad como la de Jorge, capaz de consensuar y ampliar las bases de un peronismo que supo no sólo convencer y seducir al electorado, sino también que pudo refrendar el fortalecimiento de esa conducción en la soberana participación de los compañeros y compañeras en reiteradas elecciones internas.

Pero su liderazgo no fue providencial, ni heredado, ni fruto de ningún designio superior. Con el consenso del movimiento obrero, de las agrupaciones políticas y de un cada vez más amplio espectro de adherentes independientes y extrapartidarios, Jorge cimentó su conducción en la legitimación indiscutida del voto. Y fue debatiendo y confrontando respetuosamente con sus eventuales adversarios internos que fortaleció ese mecanismo de lealtad e hizo realidad el axioma de que “quien gana conduce y quien pierde acompaña”. Un estilo de construcción política que supo no sólo conducir, sino también dignificar y valorar a esos eventuales adversarios que enfrentaba en las urnas.

Ese modelo de conducción tampoco fue una empresa exclusivamente personal. Sin la integridad y respeto por las reglas de juego democráticos de compañeros como Pedro Orquiguil, quien después de enfrentar a Jorge en aquellas recordadas internas de 1993, lo acompañó siempre con lealtad incuestionable, ese camino hubiera sido infructuoso. En ese andar se destacaron compañeros de la talla de Pablo Garrido, “Cholo” Tonani, Juan Ghione, Alberto Armesto, Tito Jendrulek, Tito Baggio u Oscar Etchart; compañeras como la propia Stella Giroldi, Andrea García, Licha Moyano, Olga García, Adriana Barbero o Gabriela Franco, entre tantos otros y otras que trabajaron incansablemente en esos años como artesanos de ese liderazgo, tan importantes para su consolidación y sostenimiento como el propio Jorge. Él siempre lo reconocía, con una gratitud que fue, además, signo distintivo de su forma de conducir y de su bonhomía personal.

Este es un proceso que debemos enfocar para pensar cómo, los compañeros y compañeras que tenemos en nuestras manos la responsabilidad de reconstruir ese peronismo triunfante, logramos forjar una unidad que, más allá de las aspiraciones legítimas y los matices de opinión, posibilite consolidar y fortalecer una conducción que, legitimada en una elección interna respetuosa y constructiva, nos permita volver al gobierno de nuestra querida ciudad de Campana. Debemos ser capaces de forjar la unidad en la diversidad escuchando la voz soberana del designio democrático con la misma entereza que quienes nos precedieron lograron plasmar en su momento. Estar a la altura de esas circunstancias nos somete, -y quien suscribe se pone primero en la lista-, a un exhaustivo escrutinio de autocrítica y renunciamientos. Un proceso que requiere de humildad, pero también de la convicción de que esa será la forma en la que las jóvenes voluntades tengan la posibilidad que tuvo en 1993 aquel joven militante que tanto hizo por Campana y por nuestro movimiento.

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