“La pandemia que nos desnudó el alma”

Si hay algo que desnudo esta pandemia, es lo malo y lo bueno que podemos ser, frente a un enemigo invisible que nos agrede todos los días como si fuera una guerra, con la diferencia que no sabemos exactamente dónde y en qué lugar específicamente está quién vino a quitarnos salud, la tranquilidad, el buen sueño y en muchos casos la vida.

De pronto, de tener una vida normal y ante la pandemia, algunos comenzaron siendo indiferentes, otros negadores y otros a aceptar el peligro de un virus que se adueñaba de sus cuerpos, y que a pesar de los afectos, condicionaba nuestra vida social y familiar.

Con el tiempo quedamos desnudos y comenzamos a notar cuan solidaria se volvió parte de la sociedad, poniendo el cuerpo, el alma, las manos, en socorrer y ayudar a otros, los más vulnerables, los más débiles, los que enfermaban.

También desnudos vimos lo miserable e inhumano que se puede ser. El daño infinito de las hienas de la pandemia. De los que derraman veneno, como si les corriera por las venas el encanto de ver gente muriendo, de ver todos los días cientos de contagiados.

Sin embargo, esas almas desvestidas siguen insistiendo que todo debería seguir igual; que aquí y ahora no pasa nada. Parecen pensar, desde lo profundo, que muera el que tenga que morir.

Descubrí en miradas, palabras y actos, el odio inmenso que le tienen a aquellos que luchan incasablemente por abrazar la vida. Que no se escurra de las manos las posibilidades de vivir cuando la muerte por el virus sobrevuela.

¿Será que siempre fuimos así? ¿Será que para algunos el odio político y de clase es más fuerte? ¿Será que definitivamente solo quieren a los que piensan y son como ellos? Esta pandemia nos desnudó el alma, parece que nos puso de uno u otro lado de la vida. Y estando en algunos de ellos, somos una cosa o somos otra, porque las dos no se pueden ser.

¿Nos dejara alguna enseñanza la muerte de tantos, el derrumbe de miles de sueños, la soledad de aquellos que perdieron el amor de su vida, del dolor de entrañas de aquellas que perdieron un hijo, del vacío infinito de perder un padre, una madre?
Sumado al abismo económico de aquellos que lo perdieron absolutamente todo, ¿seremos capaces de intentar ser mejores o solo será una aspiración de aquellos que sueñan un mundo más justo, un mundo mejor?

Diana Moreira (FM Futuro)

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